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Sea cual sea tu tipo de piel, lo primero que debes hacer antes de aplicar productos específicos para el cuidado de la piel es asegurarte de que tu piel esté limpia. Una limpieza eficaz es el paso más importante en el camino hacia una piel bella, sana y luminosa. Este paso cambiará la textura de tu piel y te ayudará a comenzar a tratar problemas específicos, como reducir el exceso de sebo y reducir los poros visibles sin resecar ni irritar tu piel.
La doble limpieza tiene dos fases diferenciadas:
Primero, un limpiador facial a base de aceite para disolver la mayoría de las impurezas de la piel a base de aceite (exceso de sebo, contaminación, protector solar y maquillaje).
Continúe con una crema, leche, espuma o gel limpiador para perfeccionar la limpieza y eliminar las toxinas que aún se hayan adherido a la piel.
El resultado: una limpieza más profunda y una piel preparada para absorber realmente los productos que se aplican después.
Aplicar un solo limpiador facial por la noche no es suficiente para limpiar tu piel por completo. Una toallita desmaquillante o simplemente agua micelar tampoco son soluciones suficientes y conviene reservarlas para situaciones en las que no tienes acceso a agua para lavarte la cara (por ejemplo, si estás de camping, o vas a un festival... ).
Con el tiempo, este tipo de limpieza rápida puede hacer que la piel se vuelva más apagada y permitir que proliferen los granos o los poros dilatados.
La doble limpieza es tan simple como parece. Implica lavarse bien la cara con dos limpiadores. El único inconveniente es que los productos de limpieza deben ser de dos tipos diferentes para que tengan el efecto deseado.
Normalmente, la doble limpieza debe realizarse por la noche. Por la mañana, simplemente utiliza tu limpiador facial favorito y una sola aplicación es suficiente.

Coloque su aceite o bálsamo limpiador en la palma de una mano, páselo por la mano opuesta y luego aplíquelo directamente sobre la piel seca con ambas manos, masajeando con suaves movimientos circulares, incluso alrededor de los ojos, durante 30-45 segundos. No es necesario utilizar un desmaquillador de ojos por separado si el aceite limpiador es lo suficientemente suave y está formulado sin fragancia.
Enjuague con agua tibia o retire suavemente el producto de limpieza con un paño suave humedecido con agua tibia/caliente.

A continuación, añade una pequeña cantidad de tu crema, leche o gel limpiador facial habitual y aplícalo directamente sobre la piel húmeda (no es necesario secarla tras la primera limpieza), masajeando con suaves movimientos circulares.
Enjuague el segundo limpiador y séquese la piel con palmaditas suaves (sin arrastrarla) con una toalla limpia y suave.
Aunque tienes más libertad a la hora de elegir productos, opta por productos suaves, no irritantes, con ingredientes que nutran y protejan tu piel.
Elige productos más nutritivos que mimen tu piel mientras realizan su función limpiadora.
Aunque tu piel sea grasa, ¡no te saltes el paso de limpieza con un aceite limpiador! Siempre que sea un aceite adecuado verás que los resultados son positivos ¡e incluso ayuda a equilibrar tu piel!